9 septiembre, 2026 admin

Faro Santander: cuando la madera forma parte de la arquitectura

Inauguración de Faro Santander, con la presencia del rey Felipe VI y Ana Botín durante la visita al nuevo espacio cultural. Fotografía: Juanjo Santamaría.

Inauguración de Faro Santander, con la presencia del rey Felipe VI y Ana Botín durante la visita al nuevo espacio cultural. Fotografía: Juanjo Santamaría.

En Faro Santander, el nuevo centro de arte proyectado por David Chipperfield Architects, el pavimento debía responder a una idea muy precisa: integrarse en la arquitectura, acompañar las obras y construir una superficie continua, serena y técnicamente impecable. La especificación planteaba grandes tablas de roble, extremadamente limpias, con anchuras superiores a los 400 milímetros y longitudes de hasta cinco metros. Además, debían instalarse sin bisel, de modo que el suelo se percibiera como un plano continuo, sin interrupciones visuales innecesarias.

Conseguir esa apariencia exigía resolver un problema técnico complejo. En piezas de estas dimensiones, la madera maciza puede reaccionar de forma importante a los cambios de temperatura y humedad. El reto consistía en mantener la presencia, el espesor útil y la durabilidad de una pieza maciza, pero con una estabilidad dimensional mucho mayor. Para ello, SURCO desarrolló específicamente para el proyecto una construcción tricapa formada por 8 mm de roble noble, un núcleo técnico de 18 mm y una contracara de 4 mm de roble. Antes de llegar a la solución definitiva se ensayaron diferentes composiciones, espesores, tableros y niveles de humedad hasta encontrar el equilibrio adecuado.

La ausencia de bisel añadía otra dificultad. Sin esa pequeña junta entre tablas, no había margen visual para absorber tolerancias o pequeños movimientos. Cada pieza debía salir acabada de fábrica con una precisión suficiente para encontrarse con la siguiente y construir una superficie homogénea. También la materia prima exigió un proceso poco habitual. Encontrar roble limpio, prácticamente sin nudos, en anchuras de más de 40 centímetros y longitudes de hasta cinco metros obligó a seleccionar la madera pieza a pieza durante aproximadamente dos años. Todo ello cumpliendo, además, los requisitos de trazabilidad y sostenibilidad establecidos para el proyecto.

La instalación llevó la precisión un paso más allá. En los cerca de 3.900 m² de pavimento se integraron más de 800 piezas registrables que permiten acceder a instalaciones eléctricas, iluminación y otros sistemas técnicos sin romper la continuidad visual del suelo. Cada una debía ocupar exactamente su posición dentro de la modulación del edificio.

Junto al nuevo pavimento, el proyecto permitió recuperar también una tarima de encina de más de 130 años procedente del edificio original. Las piezas se desmontaron, trasladaron a fábrica, limpiaron, sanearon y prepararon para volver a instalarse, conservando así una parte material de la historia del edificio.

En Faro Santander conviven, de este modo, dos maneras de trabajar con la madera: desarrollar desde cero una solución capaz de responder a una arquitectura contemporánea especialmente exigente y recuperar un material centenario para prolongar su vida.

El pavimento no funciona aquí como un elemento independiente, sino como parte de un conjunto en el que arquitectura, materia y arte deben convivir con naturalidad.

Para SURCO, el proyecto ha supuesto transformar una intención arquitectónica muy precisa en una solución material capaz de reunir estabilidad, precisión, durabilidad y continuidad visual. Madera, arquitectura y arte encuentran así un mismo lugar dentro de Faro Santander.

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